
Acabo de encontrarme la hoja parroquial de El Pasaje en el buzón y hoy no puedo hablar de Internet como hubiera querido.
Después de leer los saludos feriales de nuestros dirigentes no puedo distraer la atención en otros asuntos. Sobre todo cuando el portavoz socialista, Ángel Parreño, nos confiesa ser esclavo de sus pasiones y sacrificar a su familia, su ocio y hasta su fama al no poder evitar el ‘subidón’ que le produce nuestro pueblo. Se me llenaban los ojos de lágrimas ante tanto desvelo y sacrificio de una vida privada rica y sustanciosa como podía tener este venerable representante público.
Después de referirse a que el verano agota sus estertores (?) -él sí que agota los estertores- y de las puntuales tormentas de finales de agosto –ni puntuales ni retrasadas. No ha habido… y no es la primera vez-. Como podemos comprobar, cada vez que abre la boca o decide escribir, su exposición nada tiene que ver con la auténtica realidad. Este año, el superconcejal se ha clavado de lo lindo y nos confiesa que sus desvelos y los del resto de la banda de Bódalo responden a lo que llaman la Pasión por Alcázar. Así, con mayúsculas y todo. Este nuevo concepto de la abnegación es lo único que hace explicable que esta gente esté expuesta a la continua crítica, sacrifique sus familias y carezcan de vida íntima y privada –si llevan una cámara pegada al culo. Así se despacha el concejal, indicando que todo esto lo hace por la pasión esta que tanto sienten.
Inmediatamente me he acordado de Desideria, la protagonista de la novela La Pasión turca, que nuestro paisano Antonio Gala, rescata del tedio y la monotonía gracias a una apasionada relación con un guía turístico otomano. Y nuestro concejal y sus camaradas también han salido del tedio elevando la mediocridad al rango de autoridad. Y ahora pretenden darle un toque místico al mamoneo...
Así, desde la representatividad que les hemos otorgado con nuestro voto practican esto que ahora llaman Pasión por Alcázar –así con mayúsculas- y que se traduce en toda una retahíla de sacrificios, que el portavoz del Psoe –antes dije socialista y no debí hacerlo- nos relata, aunque se olvida de algunos que pueden ser más ilustrativos a la hora de explicarnos esa filantropía que solamente les ha alcanzado a ellos y que el resto de los mortales -más mundanos y prosaicos- somos incapaces de sentir.
A mí me ayuda a entender el subidón que experimenta nuestro concejal, imaginándomelo cuando cobra la doble. Una persona que levanta más de seis mil euros mensuales, no solo sufre de subidones, sino que seguramente paseará en permanente erección por los pasillos consistoriales. También se Apasiona cuando practica una de sus más conocidas aficiones –aparte de la culinaria- que es la de pagar favores políticos desde el erario organizando ese acto protocolario con las distintas asociaciones y repartir los presupuestos en base a la fidelidad –que no lealtad- de cada una. Cómo me recuerda la escena de la marquesa repartiendo monedas a la servidumbre en la novela de Los Santos inocentes, de Delibes.
Es decir, que lo de la Pasión no es ni más ni menos que una concubina más dentro de la filosofía política de esta peña cuyo objetivo es mandar, en la peor de las acepciones. A éste lo que le gusta es eso, mandar a su capricho y antojo. Esa es su PASIÓN –así con mayúsculas-… Y lo de Alcázar no deja de ser una concubina más en su larga relación de aficiones, que quiere que nosotros veamos como abnegado sacrificio...
Cuando he terminado de leer al concejal, me ha venido a la memoria la escena de Amanece que no es poco en la que el alcalde hace recuento del resultado de las elecciones y señala a los yankis para que se marchen porque así lo ha decidido la voluntad popular. Entonces, el profesor de Oklahoma intenta defender a los norteamericanos, pero el primer edil lo calla con rotundidad: “Vete a la mierda...”.
Pues eso.
Después de referirse a que el verano agota sus estertores (?) -él sí que agota los estertores- y de las puntuales tormentas de finales de agosto –ni puntuales ni retrasadas. No ha habido… y no es la primera vez-. Como podemos comprobar, cada vez que abre la boca o decide escribir, su exposición nada tiene que ver con la auténtica realidad. Este año, el superconcejal se ha clavado de lo lindo y nos confiesa que sus desvelos y los del resto de la banda de Bódalo responden a lo que llaman la Pasión por Alcázar. Así, con mayúsculas y todo. Este nuevo concepto de la abnegación es lo único que hace explicable que esta gente esté expuesta a la continua crítica, sacrifique sus familias y carezcan de vida íntima y privada –si llevan una cámara pegada al culo. Así se despacha el concejal, indicando que todo esto lo hace por la pasión esta que tanto sienten.
Inmediatamente me he acordado de Desideria, la protagonista de la novela La Pasión turca, que nuestro paisano Antonio Gala, rescata del tedio y la monotonía gracias a una apasionada relación con un guía turístico otomano. Y nuestro concejal y sus camaradas también han salido del tedio elevando la mediocridad al rango de autoridad. Y ahora pretenden darle un toque místico al mamoneo...
Así, desde la representatividad que les hemos otorgado con nuestro voto practican esto que ahora llaman Pasión por Alcázar –así con mayúsculas- y que se traduce en toda una retahíla de sacrificios, que el portavoz del Psoe –antes dije socialista y no debí hacerlo- nos relata, aunque se olvida de algunos que pueden ser más ilustrativos a la hora de explicarnos esa filantropía que solamente les ha alcanzado a ellos y que el resto de los mortales -más mundanos y prosaicos- somos incapaces de sentir.
A mí me ayuda a entender el subidón que experimenta nuestro concejal, imaginándomelo cuando cobra la doble. Una persona que levanta más de seis mil euros mensuales, no solo sufre de subidones, sino que seguramente paseará en permanente erección por los pasillos consistoriales. También se Apasiona cuando practica una de sus más conocidas aficiones –aparte de la culinaria- que es la de pagar favores políticos desde el erario organizando ese acto protocolario con las distintas asociaciones y repartir los presupuestos en base a la fidelidad –que no lealtad- de cada una. Cómo me recuerda la escena de la marquesa repartiendo monedas a la servidumbre en la novela de Los Santos inocentes, de Delibes.
Es decir, que lo de la Pasión no es ni más ni menos que una concubina más dentro de la filosofía política de esta peña cuyo objetivo es mandar, en la peor de las acepciones. A éste lo que le gusta es eso, mandar a su capricho y antojo. Esa es su PASIÓN –así con mayúsculas-… Y lo de Alcázar no deja de ser una concubina más en su larga relación de aficiones, que quiere que nosotros veamos como abnegado sacrificio...
Cuando he terminado de leer al concejal, me ha venido a la memoria la escena de Amanece que no es poco en la que el alcalde hace recuento del resultado de las elecciones y señala a los yankis para que se marchen porque así lo ha decidido la voluntad popular. Entonces, el profesor de Oklahoma intenta defender a los norteamericanos, pero el primer edil lo calla con rotundidad: “Vete a la mierda...”.
Pues eso.
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